martes, 14 de febrero de 2012

En la hacienda de Morelos

Este blog forma parte del proyecto Diario Íntimo de una Ficción Verdadera. Se realiza dentro del marco de la materia Redacción Universitaria de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco división de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Humanidades, bajo la dirección del maestro Sandro Cohen.



Sofía me contó lo que sucedió anoche. Me sentí culpable por haber sido infiel. Jamás había engañado a mi novia. Estaba confundido. Lo que sentía por Sofía no era sólo atracción. Se había convertido en algo más íntimo. Desde que nos conocimos, hubo un buen entendimiento entre ambos. Fue así como decidimos comenzar una aventura de amor.

Los planes que tenía con mis amigos habían cambiado. Se suponía que estaríamos solteros, pero finalmente incluimos a éstas lindas mujeres. Nos quedamos de ver todos en un quiosco. Se ubicaba a tres cuadras del hotel. Estuvimos charlando una hora, mientras organizábamos las actividades de esa tarde.

Sofía nos invitó a la hacienda de sus abuelos, situada a 40 minutos del quiosco. Provenía de familia adinerada y de buen linaje. A pesar de su solvencia económica, era muy sencilla en su trato.

Al llegar, Sofía nos mostró la hacienda. Tenía una caballeriza con 10 caballos de fina estampa, y una hectárea exclusiva para la siembra y cultivo de cereales. El diseño de la hacienda tenía un estilo minimalistasencillo—.

Dimos un largo recorrido. Decidimos acampar en la noche, a tres kilómetros del lugar. Las mujeres se encargaron de las compras, y nosotros de construir las casas de campaña. Llevamos cobijas, almohadas, lámparas, cerillos y leña. Estaba todo listo para pasar una gran velada.

 Salimos a las siete de la noche. Nos trasladamos en una camioneta y en el auto de Mike. Nos fuimos bien abrigados: hacía mucho frío. El lugar era oscuro y silencioso.

Llegamos Jorge y yo a encender la fogata. Mike empezó a amenizar el ambiente, conectando el i Pod a su autoestéreo. Los demás abrieron las botellas de wisky, y comenzaron a beber.

Nos sentamos alrededor de la fogata, comiendo bombones y contando anécdotas divertidas. Nos dormimos a las tres de la mañana.

Esa noche pude conocer más a Sofía. Me di cuenta que teníamos muchas cosas en común. Estaba muy feliz por haberla conocido.

Al día siguiente, regresamos a la hacienda. Le pedí a Mike las llaves de su auto, para dar un paseo con Sofía. Pasaría la tarde solamente con ella. Quedamos de vernos todos en el Paradise un antro exclusivoa las 20 horas.

No sabíamos a donde ir Sofía y yo. Sólo queríamos estar juntos. Viajamos en carretera algunas horas. Ida y vuelta sin detenernos. Regresamos relajados y dispuestos a pasar una gran noche en el antro.

3a. Versión final

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