martes, 7 de febrero de 2012

Una noche en el club Reforma

Este blog forma parte del proyecto Diario Íntimo de una Ficción Verdadera. Se realiza dentro del marco de la materia Redacción Universitaria de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco división de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Humanidades, bajo la dirección del maestro Sandro Cohen.




Son las nueve de la mañana. Hoy es el segundo día de mis vacaciones. Sólo dormí cinco horas. Y aun tengo los ojos entreabiertos. Me daré un baño de agua fría para despertar. Luego terminaré de preparar mi maleta de viaje. Anoche, quedamos en llegar a la casa de Jorge. Después de ahí, nos iremos a nadar al club Reforma. Está ubicado en una zona privada de Cuernavaca Morelos. Entraremos con la membresía de Miguel Ángel. Mis amigos y yo, visitamos el club frecuentemente. Nos conocen muy bien los empleados del lugar. Siempre que vamos nos atienden como reyes.



Llegamos a tiempo a la casa de Jorge. Estamos muy felices de vernos nuevamente, y de iniciar una aventura diferente. Hicimos una hora y cuarto de camino hasta el club. Nos fuimos en el Seat León de Mike. El trayecto de ida fue bastante divertido. Compramos botana, refrescos y cervezas, mientras íbamos escuchando música variada como: rock, pop, psycho, etc.
 


Después de un agradable recorrido, llegamos directamente al hotel New Palace. Nos instalamos en nuestros respectivos dormitorios, para acomodar nuestras maletas. Salimos del hotel para dirigirnos al club. Cuando vamos entrando, nos recibieron tres lindas mujeres. Por su acento y sus facciones, supe que eran extranjeras. De inmediato, nos invitaron a ocupar el lugar, que Mike había reservado.
 

  
Nos instalamos en la mejor zona del club. Se llama: The Tower. Reservada para clientes asiduos. Contaba con un mirador, con vista hacia el sur de Morelos, con un DJ profesional para amenizar el ambiente, y una pequeña cantina al centro de la alberca. También pusieron a nuestra disposición un barman, para que preparara lo que quisiéramos. Me decidí a pedir un Martini —mi bebida predilecta—.
 


Me aparté un momento de mis amigos, para dar un recorrido por el club. El lugar era muy acogedor, pero indudablemente, le hacia falta más diversión. A lo lejos, había un grupo de cuatro mujeres (solteras). Así que decidí invitarlas a nuestra zona VIP. No fue difícil convencerlas, ya que eran muy sociables. Dos eran colombianas, otra era cubana, y la última mexicana. Mis amigos se quedaron sorprendidos, al verme llegar con ellas. Eran sumamente atractivas. Se las presenté, y luego les invitamos algo de beber. Así fue como inició la fiesta. Las secuelas del alcohol fueron negativas. No recuerdo lo que pasó anoche. Sólo sé que amanecí en la habitación de Sofía —la chica mexicana—.




2a. Versión final







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