sábado, 10 de marzo de 2012

Intensa pasión en la suite

Este blog forma parte del proyecto Diario Íntimo de una Ficción Verdadera. Se realiza dentro del marco de la materia Redacción Universitaria de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco división de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Humanidades, bajo la dirección del maestro Sandro Cohen.




Abrimos la puerta de la suite. Sofía estaba tan ardiente que no aguantó las ganas de besarme. Fue un beso apasionado que me dejó sin aliento. Me aventó sobre la cama bruscamente. Comenzó a desvestirse, hasta quedarse en ropa interior.

Caminó hacia mí, sensual, con expresión traviesa. Me arrancó la camisa que llevaba puesta, y yo me quité lo demás. Esa noche, ella parecía  transmitirme su fuerza pasional. Así, tomó la actitud de ama y yo de esclavo. Me dejaría hacer lo que ella quisiera. Quería saber hasta donde podía llegar su imaginación.

Amarró mis manos a la cama con mi corbata. No me podía mover. Era un espectador de su show. Ella se reía imaginando las locuras que me haría. El juego comenzaba a gustarme, pero más aún, a apasionarme.

Dejamos encendidas solo un par de luces, que alumbraban el contorno de la cama. La iluminación tenue remarcaba la silueta de su cuerpo. Escuchábamos a George Michael como música de fondo. El incienso aromático circulaba por toda la habitación.

Me dejé llevar por la magia del momento mientras ella cumplía sus fantasías. Comenzó a besarme los labios hasta llegar al cuello. Ahí se detuvo y, como vampiro, me dio un gran mordisco. Luego, posó sus manos sobre mis hombros y me acarició con profundo frenesí.

Su voz era tan sexy y magnética que podía convencerme de cualquier cosa. Mi voluntad estaba rendida ante su belleza. El rojo carmesí en sus labios dejaba las huellas de sus besos. El olor natural de su piel me hacía arder en deseo.

Después de un intenso preludio, la situación pasó a otro nivel. Se abalanzó sobre mí, decidida a devorarme. Acto seguido, nuestros cuerpos comenzaron a  compasarse al ritmo de la música. Era un ensamble perfecto, de cóncavo y convexo. El vaivén de sus muslos y caderas entorpecían mi razón.

Estaba plenamente concentrado en su placer. Sus suspiros eran tan profundos que me estremecían. Los gritos y gemidos embriagaban mis sentidos. Su satisfacción y gozo hacían crecer mi ego, al querer continuar y no parar por ningún motivo.

La creatividad estuvo presente toda la noche. Hicimos diversas posiciones en ángulos distintos, que aportaron buen sabor a nuestro encuentro. El sudor empapaba nuestra piel. Nuestras bocas quedaron resecas. Después de repetidas veces  y de tanto ajetreo, terminamos agotados, pero satisfechos  por  haber saciado nuestra sed.

7a. Versión final

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.