miércoles, 21 de marzo de 2012

La última despedida

Este blog forma parte del proyecto Diario Íntimo de una Ficción Verdadera. Se realiza dentro del marco de la materia Redacción Universitaria de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco división de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Humanidades, bajo la dirección del maestro Sandro Cohen.




Habíamos tenido una semana intensa. Vivimos experiencias increíbles, las cuales nunca olvidaría. Tenía que partir a casa. Mi aventura con Sofía había terminado.

Tenía una gran confusión. Por un lado, llevaba dos años de relación con mi novia, y ciertamente la amaba. Por otra parte, me había enculado con Sofía.



Era inevitable no enamorarme de ella. No pude resistirme a sus encantos. Era perfecta para mí. Sin duda, lo teníamos todo para ser felices. Nuestro encuentro fue casual. Nada estaba planeado. Todo surgió inesperadamente.

Necesitaba estar solo para tomar una decisión. Así, me alejé de todos y fui a caminar un par de horas para meditar.



En mi ausencia, mi novia le había marcado a Miguel para preguntarle en donde nos encontrábamos. Quería darme una sorpresa yendo por mí. Así, Miguel le dio la dirección del lugar y se mantuvo discreto.

De vuelta del paseo fui a buscar a Sofía. Luego de un tiempo, me encontraba con ella en la terminal de autobuses. No tenía idea de lo que me esperaba.

Miguel se dio cuenta que me ocasionaría un grave problema, así que trató de impedir la llegada de mi novia, confundiéndola con la dirección. Pero era demasiado tarde. Ya había llegado.

Me encontraba abrazando a Sofía cuando vi venir hacia nosotros a mi novia. Me quedé pasmado, sin saber que hacer. Me preguntó que quién era mi acompañante, y Sofía le contestó que era mi amante. De pronto, mi novia le soltó una cachetada y comenzaron a golpearse.

Llegaron mis amigos y logramos separarlas. Luego, tomé del brazo a Sofía y la llevé aparte. Yo ya había tomado mi decisión. Así, la miré fijamente a los ojos, y con voz firme le dije que lo nuestro era sólo una aventura, que amaba a mi novia y que no la quería perder.

A lo cual me respondió que deseaba verme feliz, que le dolía alejarse de mí, pero que finalmente se marcharía.

Después rompió en llanto, mientras se arrojaba a mis brazos para darnos el último adiós. Se despidió de mí sin decir palabras, pero reflejando una gran tristeza.

Luego de aquel momento regresé con mi novia. Necesitaba explicarle lo sucedido. No quería que existieran mentiras entre nosotros. Ambos temíamos separarnos. Cuando apenas iba a comenzar a explicarle, me besó profundamente. Jamás me había besado de tal manera. Nos quedamos buen tiempo abrazados y en silencio.

A partir de ahí, me  juré a mi mismo odiar el engaño, la mentira, porque es una ilusión efímera y vacía.  


8a. Entrada

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